¿Cómo y por qué educamos a nuestros hijos para que sean bilingües?

Hola, ¿qué tal?

Me llamo Bárbara y soy la fundadora de Speak Spanish You Too.

En este episodio de podcast me he propuesto hablaros de un tema que, para mí, es muy importante. ¿Por qué es importante? Pues, por un lado, es importante porque tiene que ver con la crianza de los hijos. Yo soy madre de una niña de casi seis años y de un niño que tiene un año y medio. Por otro lado, el tema de hoy también tiene que ver con los idiomas. Desde que nació nuestra hija hace ya casi seis años, teníamos muy claro que queríamos que hablase la lengua materna de mi marido, noruego, y mi lengua materna, español. 

 

¿Cómo y por qué educamos a nuestros hijos para que sean bilingües?

Nosotros pensábamos que bastaba con que le hablásemos a mi hija en noruego y español para que aprendiese las dos lenguas. Pues no. Error. No es así como funciona. Al menos, no en nuestro caso. Educar a los hijos para que sean bilingues no se reduce a que el padre le hable en un idioma y la madre en otro. 

 

Cuando mi hija empezó a hablar, nosotros vivíamos en Noruega. Yo siempre le he hablado a mi hija en español. Pero la lengua dominante, evidentemente, era el noruego. La única persona que le hablaba en espanol a diario era yo. De manera que casi todo su mundo funcionaba en noruego. A pesar de todo, yo estaba contenta porque veía que mi hija entendía todo lo que yo le decía. Cuando íbamos de vacaciones a España, tardaba tres días en poder hablar en español con la familia. 

 

Al final de las vacaciones, mi hija se podía comunicar con todo el mundo en español. Pero ¿qué pasaba cuando volvíamos a Noruega? Pues que su español iba desapareciendo poco a poco. Y eso que yo le hablaba solo en español, e incluso le leía cuentos en español. Pero no era suficiente. 

 

¿Qué hice yo? Decidí seguir el consejo de alguien y decirle a mi hija que no la entendía si me hablaba en noruego. ¿Qué hizo ella? Ignorarme. Cuando llegaba a casa de la guardería y quería contar algo, se dirigía solo a su padre. 

 

Como es obvio, decidí que era mejor que mi hija se comunicase conmigo en el idioma que ella quisiera, siempre que me hablase. Yo sabía que íbamos a volver a España de vacaciones y que habría más oportunidades de que ella volviese a recuperar su español. 

 

Y así fue. Volvimos a España. Pero esta vez, no de vacaciones, sino para quedarnos una larga temporada. Mi hija comenzó a ir al colegio allí. A pesar de que, cuando llegamos solo hablaba en noruego, al cabo de unas semanas yendo al colegio, se podía comunicar casi tan bien como cualquier otro niño de su edad. Llámalo inmersión o llámalo necesidad. Mi hija se dio cuenta de que tenía que hablar en español para poder jugar con otros niños. 

 

Según fueron pasando los meses, mi hija fue mejorando su nivel de español. Qué alegría, qué dicha, qué feliz me sentía yo. Por fin podíamos mantener conversaciones únicamente en español. Y quizá te preguntes, ¿entonces ya era bilingüe, no? Pues no exactamente. Porque a medida que iba mejorando en un idioma, se le iba olvidando el otro. Hasta que llegó un punto en el que ya no era capaz de hablar noruego. Se le había olvidad por completo. Y eso que su padre le hablaba a diario en noruego. 

 

La temporada en España llegó a su fin. Volvimos a Noruega. Mi hija solo hablaba español, pero enseguida se dio cuenta de que tenía que aprender noruego otra vez. Le pedía a su padre que le enseñase noruego. Claro, ella quería jugar con los demás niños. Pues como te podrás imaginar, fue comenzar la guardería (aquí en Noruega se empieza el colegio a los seis años) y volver a empezar a hablar noruego como si nunca se hubiese marchado. 

 

Afortunadamente, a día de hoy, seis meses después de llegar a Noruega, sigue hablando conmigo en español. La verdad es que me emociona escucharle utilizar el subjuntivo correctamente. 

 

En mi opinión, mi hija es mucho más consciente ahora de lo importante que es poder hablar en español. Sabe que, cuando vuelva a España, podrá quedar con sus amigos del colegio y que tendrá que hablar en español, obviamente. Para que no se le olvide, le hemos dicho que solo puede ver la tele en español. 

 

En conclusión, eso de educar a los hijos para que sean bilingues no es tarea fácil. Para nosotros ha sido clave el poder vivir largas temporadas en los dos países. También he de decir, que mi marido, aunque es noruego, habla español y que yo también hablo noruego. Esto quiere decir que, hablemos el idioma que hablemos en casa, nadie se siente excluido de la conversación, puesto que todos entendemos los dos idiomas.

 

¿Qué consejos le daría a los padres que quieren educar a sus hijos para que sean bilingües?

Básicamente, tres:

  • Que intenten reforzar la lengua no dominante haciendo que sus hijos solo puedan ver la tele en ese idioma.
  • Que viajen lo más frecuentemente posible al país donde se habla el idioma que menos utilizan habitualmente. Esto ayudará a que establezcan un vínculo con el país, la cultura y la gente que lo habla.
  • Que los dos padres, es decir, padre y madre, sean capaces de entender el idioma del otro y tengan claro que los dos idiomas son igual de importantes. 

Bueno, pues hasta aquí ha llegado el primer episodio del podcast de Speak Spanish You Too. Espero que hayas disfrutado mucho escuchándolo. Mañana, mi marido y yo hablaremos de cómo es la Navidad en Noruega.

¡Hasta mañana!